Otros grados

En el primer grado, permanecí aproximadamente media hora.

El día que "me pasaron" de grado, el maestro me hizo leer un texto en una especie de cuaderno. Tenía las tapas negras y el texto estaba impreso en la letra más pequeña que yo había visto hasta entonces. Recuerdo especialmente esta circunstancia porque me resultó muy extraño, tanto el texto, como el cuaderno. Hoy pienso que podía ser material para alguna oposición porque lo asocio con los textos que se presentan para prácticas de mecanografía.

Estaba de visita la esposa del maestro. Su hijo correteaba por la clase. El maestro le ordenó que cerrara la puerta de la sala, encargo que cumplió de una patada. El maestro dijo dirigiéndose a su hijo y a los demás alumnos "fijaos cómo lee este niño, que es más pequeño que vosotros". A continuación me propuso unas cuentas, que resolví rápidamente y me hizo otras preguntas variadas. Me cogió de la mano, porque había que salir a la calle, y me pasó a segundo grado. No tengo fijo el nombre de este maestro, aunque pudiera ser Alberto o Alfredo.

En segundo grado estuve, exactamente, una semana.

El maestro de segundo, era Dn. Angel, (Don Angelón, para distinguirlo de Don Angelín, el de quinto; además de por su tamaño). Dn. Pedro, el director, reunió en la clase a varios alumnos, entre los que me encontraba, y nos comunicó que pasaríamos provisionalmente a tercer grado. Si podíamos seguir el nivel de dicha clase, allí permaneceríamos, en caso contrario retornaríamos a segundo. Desconozco si algún niño regresó a segundo grado, yo no. Por lo que, en poco más de una semana, pasé de párvulos a tercer grado.

En las escuelas graduadas, no se pasaba de clase al fin de cada curso, sino que se hacía en cualquier momento, según el nivel de aprovechamiento de cada alumno. Así, en distintas clases, convivían niños de diferentes edades y facultades. Había una integración total con compañeros de la más variada procedencia. Incluso había niños de  familias acomodadas que, en la enseñanza primaria preferían la escuela pública.

En tercer grado me mantuve, al menos, hasta los ocho o nueve años. Lo digo, porque estaba en esta clase cuando, convaleciente de una enfermedad, acudí a la Casa Infantil que ya mencioné.

Era habitual, para estimular a los niños, el fomentar la competitividad por puestos. Así se adelantaba o retrasaba en el orden de prioridad, según aciertos o fallos en las lecciones, la presentación de "los deberes", etc, etc. Estuve siempre en cabeza. Con ocasión de faltar durante algún tiempo a clase por enfermedad, el primer puesto se me reservaba. Tenía un problema para explicar a un huésped de mi abuela, que ser el número uno era más importante que ser el número dos. El insistía que uno es menos que dos, por tanto, yo no era tan bueno. Me desesperaba para intentar que comprendiera que ser el número uno, significaba ser el primero; que entendiera que los ordinales constituían una clasificación distinta de los cardinales. Evidentemente se estaba divirtiendo a mi costa. El profesor de tercer grado, ¿don José Manuel?, se trasladó a otra localidad después de unas oposiciones.

El cuarto grado, estaba situado en el primer piso, en la parte de atrás, daba al patio colindante del cuartel de la Guardia Civil, en una sala que resultaba minúscula, porque se había colocado un tabique de madera, para habilitar otras dependencias.

El maestro, Don Emilio. Perdí en una ocasión el primer puesto, por no acertar con el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, voz activa, del verbo imprimir[1]. Cuando Dn. Emilio consideró que yo debía adquirir conocimientos superiores a los que él impartía en su clase, me llevó un día al aula de quinto grado. Allí me presentó a Dn. Angel.

                "Don Angelín" debía de ser un hombre joven. No se casó hasta muchos años después. Era conocido por mi familia. Lo primero que me ordenó hacer fue una redacción sobre la historia de mi vida. ¡El primer curriculum vitae! que he redactado. Después, como "todo el mundo", habré redactado cientos. Tendría diez años.


 

[1]Yo hubiera o hubiese imprimido o impreso, Tú hubieras o hubieses...