Nacimiento
Era el 8 de Abril de 1939, a las dos y media de la madrugada de aquel Sábado Santo cuando vi la luz primera. Fue en Gijón, parroquia de Jove, en las llamadas Casas Altas de Gabino, segundo portal, primero izquierda, en la habitación encima del portal.
Yo, claro está, no recuerdo tan feliz acontecimiento, pero mi padre solía plasmar por escrito algunos de los sucesos que más le impactaban y éste era, sin duda uno de los más importantes para él. Había nacido su primer hijo varón, después de tres hembras y tras haber transcurrido desde el nacimiento de la última los tres horribles años de la Guerra Civil Española.
Que la riqueza material siempre me sería esquiva, aunque me pasaría rozando, se puso de manifiesto ya en mi venida al mundo. Al parecer, a los nacidos el día primero de Abril, una semana justa antes que yo, les concedieron posteriormente un premio de mil pesetas. ¡MIL PESETAS! En aquellos tiempos debía de ser toda una fortuna. Los nacidos el día uno, no vinieron con un pan debajo del brazo, trajeron toda una panadería. La verdad, es que no conseguí confirmación efectiva de tal realización.
Mi padre, perito industrial por la prestigiosa Escuela de Gijón, depurado político por el régimen implantado en España, trabajaba entonces como tornero en Astilleros de G. Riera, a escasos trescientos metros de mi lugar de nacimiento y su vivienda alquilada. Parece ser que, las empresas debían comunicar las variaciones de la situación familiar de sus empleados trimestralmente, cuyo plazo finalizaba el día 10 del primer mes siguiente. Como queda escrito, el día ocho de Abril fue sábado, por lo que mi padre comunicó ese mismo día en la empresa la feliz circunstancia de mi llegada al mundo. Al dar el nombre con que debería hacerme famoso, se le ocurrió sin otra consulta invertir su propio nombre, de Manuel Carlos, a Carlos Manuel. Con el paso del tiempo, yo procedí de la misma forma con mi hijo, por tanto vamos alternando los nombres y espero que la tradición continúe. Renovamos la histórica costumbre de los Bellido Dolfos - Dolfos Bellido, Ramón Berenguer - Berenguer Ramón.
En aquella casa viví unos cuantos meses, no sé cuantos, y, aunque parezca mentira, mantengo varios recuerdos, algunos ganados posteriormente en visitas realizadas con mi madre a nuestra vecina del primero derecha doña Edelmira.
El fondo de la "calle", estaba cerrado por un muro. ¿Razón? Pues que al otro lado había una acequia que se llenaba cuando subía la marea. Las Casas Altas de Gabino, estaban a la izquierda de la carretera, según se iba para El Musel. Las Casas Bajas, estaban a la derecha, casi en la mar; las separaba del agua un pedregal que terminaba en la playa llamada del Arbeyal, luego desaparecida cuando construyeron la fábrica de La Casera y ahora recuperada, aunque más alejada. Desde la galería de la casa que daba a la parte de atrás se dominaba la costa desde lo que sería el Hospital de Jove hasta los Astilleros de Riera que cerraban la visión por la derecha.
En lo más recóndito de mi memoria existe la imagen de la puerta acristalada de un balcón. De dos hojas. La parte inferior completamente de madera y la superior con varios vidrios separados por junquillos. A uno de los cristales le faltaba un trozo en una esquina. Mi padre me sostenía en brazos para que mirara a la calle y yo intentaba asomar mi naricita por aquel hueco por donde entraba un viento glacial. Deben ser ciertos estos recuerdos, pues cuando los he rememorado con mi madre, ella sospechaba que esa era la causa por la que yo había enfermado de pulmonía. Tenía, entonces, catorce meses.
Aunque tengamos fama de despistados y de no acordarnos de nada cuando rebuscamos en los registros de la mente, recordamos multitud de detalles de las vivencias. De esta enfermedad, muy grave para aquella época, pues aún no estaba extendido el uso de los antibióticos, recuerdo a un hombre que me pinchó mientras mi hermana más pequeña, Fini, ella tenía entonces cuatro años, me entretenía. De entonces proviene mi terror a las inyecciones.
Por relatos posteriores supe que un señor que contrajo la misma enfermedad, el mismo día, no la superó y falleció poco después.
Me bautizaron, al mes de mi nacimiento, en la Rectoral de Jove, pues la iglesia estaba destruída como consecuencia de los avatares recientes. Mi hermana Tere, la segunda, dice que estaba esperando mi regreso porque creía que el agua del bautismo sería suficiente para que yo regresara corriendo.
Hasta ahora he mencionado a dos hermanas, Fini y Tere, tengo otra hermana Pili, la mayor, nunca olvidó y se preocupó de que los demás no olvidáramos que el ser la mayor es una cualidad que permanece durante toda la vida.