La merienda campestre y los borrachos
En los domingos de verano, si hacía buen tiempo, la familia solía salir de merienda. Los alrededores de Gijón, ofrecen lugares para todos los gustos: campo, monte, playa, rocas a orilla del mar, bosque, etc, etc. Mi madre preparaba la cesta de la merienda, que sería merienda-cena, con la consabida tortilla de patata (las exquisitas tortillas de patata que hacía mi madre), alguna otra cosa y todos juntos marchábamos hacia algún lugar escogido de antemano. Si se había elegido un merendero[1] no hacía falta llevar bebida, pero con cuatro chiquillos ¿quién se atreve a no llevar agua? Por lo que mi madre no se podía privar de cargar con alguna botella llena del preciado elemento.
En estas excursiones campestres se realizaban toda clase de actividades: jugar a la pelota, cazar grillos, observar pájaros, el mar, leer, correr, saltar, y todo lo que la imaginación puede concebir. Al caer la tarde, después de haber dado buena cuenta de las existencias de la cesta, regresábamos para llegar a casa completamente rendidos.
Al igual que nosotros esta costumbre la practicaban numerosas familias, por lo que, al llegar a nuestra barriada, eran casi multitudes las que pasaban cantando y riendo olvidando penurias y calamidades.
En la zona de Somió había baile en varios establecimientos, Somió-Park, Las Delicias, La Pipa, etc. en los que se concentraba la juventud que regresaba a altas horas (como máximo, a las diez, toda chica decente debía estar, al menos, a la puerta de su casa). Mis hermanas y yo, pedíamos permiso a nuestros padres, que concedía por lo general, si no era muy tarde, para salir al portal a ver pasar a los borrachos. Ni qué decir tiene, que no había tales borrachos, sino jóvenes que regresaban a casa andando porque el servicio de tranvía ya había finalizado, o porque se habían gastado hasta los últimos céntimos. Otras veces, eran familias que regresaban de merienda más tarde que nosotros o que nosotros no habíamos salido.
[1]Merendero. Establecimiento con amplio recinto al aire libre, en el que hay mesas y asientos de madera o piedra, en el que se permite consumir alimentos aportados por los clientes a condición de adquirir las bebidas en el propio bar.