La clase de párvulos
Cuando mi madre me llevó a apuntarme a la escuela mis hermanas ya estaban estudiando en este grupo escolar. Me tomó los datos una joven maestra llamada Pilar, que al poco tiempo cesó (se comentó que para ingresar en un convento) y fue sustituída por Doña Lola.
Después de hacer mi ficha, la maestra me pellizcó cariñosamente la mejilla al tiempo que me decía "otro Manolín, ¿eh?". No comprendía yo esta frase, porque nadie me llamaba Carlos Manuel en aquella edad, sino Carlitos. (Hoy, que peino canas, hay quien, cariñosamente, me sigue llamando Carlitos. Benditos sean aquellos que me aprecian). No quise quedarme ya en la clase, de lo que me arrepentí al volver a casa y pedía insistentemente a mi madre que volviera a llevarme, cosa que no logré porque ya regresaban mis hermanas.
El primer libro de estudio fue "Aros y Palos", un sistema de enseñanza de lectura, de dos tomos, original de un maestro local. No necesité más que el primero (ni eso), porque, tanto mis hermanas como yo, fuímos lectores muy precoces .
La escasez de material didáctico queda patente en la fotografía que conservo de aquella época. El alumno, sentado en un pupitre, sostiene entre sus manos un libro abierto; sobre la repisa del pupitre una pizarra con marco de madera, en la que figura escrito con letras de molde el lema "HONRA A TUS PADRES TODOS LOS DIAS DE LA VIDA"; el mapa de España, sirve de fondo al modelo. Foto clásica que, con pequeñas diferencias, todo estudiante de primaria tenía, y que yo conservo también de sexto grado; pero, la diferencia de esta foto de párvulos, es que el mapa está dibujado con tiza sobre un encerado, con la particularidad de que el punto que señala a Madrid, está situado al norte del río Duero.
La fotografía descrita, la conseguí mucho tiempo después, de mi tía Pili, que se la había adjudicado con una dedicatoria, al dorso, que dice: "Manuel Carlos Día 15-4-1945 Para mi tía Pily Fernández" dedicatoria hecha de su puño y letra.
La clase de párvulos era una amplia sala con grandes ventanales, tenía contiguo, con acceso desde el aula, un retrete que sólo era utilizado por estos alumnos. La maestra disponía de una, para mí, enorme mesa. Los alumnos y alumnas, estaban distribuídos en pequeñas mesas cuadradas, con sillas de madera. Los más altos, entre los que me incluía, siempre fuí buen mozo, estábamos instalados en cuatro pupitres al fondo de la sala. Había un niño Manolín, el de Viesques que era tan trasto que, en ocasiones, la maestra lo ataba con la silla a la pata de la mesa de ella y ni de esta forma conseguía que estuviera quieto. Hoy sería procesada por infligir malos tratos a la infancia. Nosotros, lo tomábamos a juerga.
Algunos niños, salían antes de la hora "porque tenían que llevar la comida a su padre, que estaba trabajando". En una ocasión yo caí en la tentación de salir antes de la hora y solicité permiso a la maestra con la excusa indicada. Permiso que me concedió, de forma absurda, ya que ella sabía que yo tenía hermanas mayores en la misma escuela. Regresé directamente a casa. Mi madre, que estaba lavando ropa, se sorprendió al verme llegar tan pronto y le expliqué que la maestra había tenido que marchar para comprar algunas cosas para la clase. Nunca piré[1] una clase. Me negué en alguna ocasión a asistir, pero para quedarme en casa, no para otras correrías.
Manolín, el de Viesques, citado anteriormente, era hijo de madre viuda, coincidimos algún tiempo después en la "Casa Infantil Covadonga", en Pola de Gordón (León), una institución de la Obra Social de la Caja de Ahorros de Asturias y de la Diputación Provincial. Allí ejercía yo de amanuense para varios niños, que no sabían escribir o leer, para la correspondencia con sus familias. Manolín trabajó después en el laboratorio de la Fábrica de Moreda y Gijón, de la Sociedad Industrial Santa Bárbara.
En "párvulos" estuve, supongo que hasta los seis años, porque tengo idea de haber permanecido allí durante dos años. Un buen día, Don Pedro, el director, estaba hablando a la puerta de la clase con la maestra y ésta me señaló con su dedo. Al día siguiente, me pasaron al primer grado.