El Catecismo en San Lorenzo

Aunque la iglesia de San Lorenzo estaba bastante lejos de nuestra casa, era la parroquia a la que pertenecíamos y, aunque nos quedaba más cerca la iglesia de Los Capuchinos, hubo una época en que asistíamos al Catecismo en la parroquia.

Las clases de catecismo, se celebraban en la iglesia. Nos agrupaban en secciones, según edades y conocimientos, separados niños y niñas. Cada sección, se acomodaba sentándose en círculos presididos por la catequista. Las niñas, en las naves de la iglesia. Los niños, arriba. Había que subir a las galerías[1] superiores por una escalera. ¡Qué escalera!. La misma que aún existe hoy para subir al coro. Peldaños altos, una pendiente como para ejercitar el alpinismo, sin barandilla, pasamanos o quitamiedos. Nos pegábamos a la pared y allí no era necesario que dijeran el habitual "sin correr".

                 Para fomentar la asistencia, a poco de comenzar, se repartían unos boletos para la rifa que se celebraba como fin de actos. Al sorteo, nadie faltaba. Nos colocábamos en Los campinos. Al lado de la calle Covadonga, a lo largo del estanque de los patos, las niñas. Al otro lado, donde estaban las ocas, los niños. En el centro de la pérgola, el coadjutor encargado dirigiendo el acto. De una bolsa, se extraía un papelito y se cantaba el número en él escrito: "El cuarenta y dos"; "Aquí" y allá voy yo corriendo y con el corazón que se me sale del pecho a recoger el premio. Entrego mi papeleta, se comprueba que el número es correcto. Una catequista me presenta una bolsa. Tengo que introducir la mano, sin mirar al interior, para, al tacto, escoger lo que me ha tocado. Tanteo un poco y saco... dos onzas de chocolate para hacer a la taza. Las merendé por la tarde. Fue el único premio que conseguí en el catecismo de San Lorenzo.


 

[1]Estas galerías, sobre las naves laterales de las iglesias góticas, se llaman matroneos, porque en ellas se instalaban las matronas cuando acudían a presenciar los actos que se celebraban en tales iglesias.